*.-Historia, territorio y disputa: el origen del conflicto entre Almoloya del Río y Santa Cruz Atizapán
Almoloya del Río, Estado de México. Bien se dice que la historia no miente, y en el caso de Almoloya del Río existen antecedentes claros que permiten entender no solo su origen, sino también las disputas territoriales que, hasta hoy, siguen generando tensiones con municipios vecinos como Santa Cruz Atizapán.
Almoloya del Río, uno de los municipios más pequeños del Estado de México, posee una antigüedad histórica y jurídica que antecede a varias de las demarcaciones que hoy reclaman territorio. Fundado por los pueblos matlatzincas y otomíes alrededor del siglo VIII de nuestra era, su desarrollo estuvo estrechamente ligado al agua: la pesca fue su principal actividad económica gracias a su cercanía con las ciénegas y lagunas de la Laguna de Chignahuapan, dentro de la cuenca alta del río Lerma.
Durante la época prehispánica y hasta el siglo XVI, Almoloya del Río fue un pueblo sujeto a Xalatlaco. No fue sino hasta marzo de 1847 cuando obtuvo reconocimiento formal como municipio, estableciendo desde entonces límites territoriales jurídicamente documentados, mismos que hoy resultan fundamentales para entender el conflicto.
Con el paso del tiempo, el territorio original de Almoloya del Río se fue fragmentando para dar origen a nuevos municipios. Entre ellos, Santa Cruz Atizapán, que se erige como municipio autónomo el 18 de octubre de 1870, es decir, 23 años después de la fundación legal de Almoloya del Río. Este dato no es menor: la separación implicó una redefinición administrativa, pero no una reescritura retroactiva de los límites originales.
De acuerdo con registros históricos, fue precisamente a partir de esta separación cuando comenzaron los problemas territoriales, derivados de intentos por ampliar superficie municipal sin sustento histórico ni jurídico sólido. Los documentos fundacionales de 1847 reconocen a Almoloya del Río como el ente originario del territorio en disputa, lo que debilita las reclamaciones posteriores.
Paradójicamente, hoy Santa Cruz Atizapán, gobernado por Emilio Salas Perea, presidente municipal emanado de Morena, ha insistido en exigir límites que, conforme a los antecedentes históricos y legales, no le corresponden. La narrativa política ha intentado desplazar el debate hacia el terreno de la confrontación, omitiendo que fue Santa Cruz Atizapán quien se separó de Almoloya del Río, y no al revés.
Mientras tanto, Almoloya del Río mantiene un papel clave en la región, no solo desde la perspectiva histórica, sino también ambiental. De acuerdo con datos recientes de la Oficialía Mayor del Gobierno del Estado de México, encabezado por la gobernadora Delfina Gómez Álvarez, el municipio alberga el Parque Municipal Laguna de Chignahuapan, proyecto destinado a la protección del sistema lacustre y su biodiversidad.
Este cuerpo de agua es hogar de especies endémicas y en peligro de extinción como la poyuela amarilla, la mascarita transvolcánica y el ajolote de Almoloya, además de ser refugio invernal para aves migratorias como patos y pelícanos. Un patrimonio natural que, lejos de ser motivo de disputa, debería ser eje de cooperación intermunicipal.
La revisión histórica deja claro que Almoloya del Río marcó la pauta del desarrollo y la organización territorial en la región, y que su reconocimiento jurídico desde 1847 constituye la base legal que hoy respalda sus límites. Ignorar estos antecedentes no solo distorsiona la historia, sino que abre la puerta a conflictos innecesarios.
Analizar la historia no es un ejercicio nostálgico, sino una herramienta indispensable para entender el presente. En el caso de Almoloya del Río y Santa Cruz Atizapán, los documentos, las fechas y los hechos son claros: el territorio tiene origen, y ese origen no se puede reescribir por conveniencia política.
