Jue. Abr 16th, 2026

Por: Victor Yáñez

*•Del peñismo a la 4T: el salto de Joel Huitrón

En política no hay sorpresas, hay tiempos. Y Joel Huitrón Colín parece haber entendido que el suyo llegó… aunque no necesariamente por convicción, sino por circunstancia.

Su renuncia al Partido Revolucionario Institucional no es un hecho aislado ni menor. Se trata de un movimiento que refleja, una vez más, el reacomodo de fuerzas en el Estado de México, particularmente en Atlacomulco, esa tierra simbólica que durante décadas fue bastión del poder priista. La llamada “cuna de gobernadores” hoy ya no garantiza nada.

Formado bajo la sombra del peñismo —con cercanía al círculo de Enrique Peña Nieto y su paso por el DIF nacional junto a Angélica Rivera— Huitrón representa a una generación de políticos que crecieron dentro del viejo régimen, pero que hoy buscan oxígeno en el nuevo. Y ese nuevo aire, guste o no, se llama Morena.

Su argumento es claro: exclusión dentro del PRI. El mismo discurso que han utilizado muchos cuadros que, al no encontrar espacio, cambian de camiseta. ¿Es legítimo? Sí. ¿Es creíble? Depende de quién lo mire.

Porque la memoria política en Atlacomulco no es corta. En 2018, Huitrón perdió la alcaldía frente a Roberto Téllez Monroy, en una contienda marcada por los apellidos, las conexiones y el peso de grupos tradicionales ligados a figuras como Arturo Montiel Rojas. Aquella derrota no solo fue electoral, también fue una lección. Y parece que la aprendió.

Hoy regresa, no como aquel joven político en formación, sino como un actor con más tablas, más lectura del entorno y, sobre todo, con la mira puesta en 2027. Porque no nos engañemos: su llegada a Morena no es ideológica, es estratégica.

El contexto también juega a su favor. Atlacomulco es gobernado actualmente por Nicolás Martínez Romero, en un escenario político fragmentado donde ningún partido tiene asegurado el control. Y en ese terreno, un perfil con redes, experiencia y vínculos —como los que Huitrón presume con figuras cercanas a Delfina Gómez— puede volverse competitivo.

Pero no todo está resuelto. Morena no es tierra virgen ni espacio vacío. Las bases, tanto estatales como municipales, suelen ser celosas de los perfiles que llegan desde otros partidos, sobre todo del PRI. El fenómeno del “chapulineo” sigue generando resistencias internas, aunque la dirigencia lo tolere cuando suma votos.

Ahí estará la verdadera prueba para Huitrón: no en anunciar su salida, sino en lograr legitimidad dentro de su nuevo hogar político.

Mientras tanto, la reacción ciudadana lo dice todo: división. Entre quienes lo ven como oportunista y quienes consideran que es un político que simplemente está leyendo bien el momento.

En política, cambiar no es pecado. El problema es cuando el cambio no convence.

Y en el caso de Joel Huitrón, la pregunta sigue en el aire:

¿evolución política… o simple supervivencia?