Un mediodía nublado se dejaba sentir sobre la Plaza de la Unidad, aunque la militancia priista parecía imperturbable. Banderas rojas ondeaban como pequeñas fogatas en medio del mar de gente que, desde temprano, comenzó a reunirse para arropar a sus dirigentes y testimoniar la toma de protesta de los nuevos comités municipales y sus secretarías.
Entre saludos, abrazos y fotografías improvisadas, se abrieron paso figuras conocidas del priismo mexiquense. Arturo Montiel y César Camacho, dos exgobernadores, caminaron entre la multitud que los reconocía con una mezcla de nostalgia y respeto. También arribaron diputados locales como Elías Rescala, Mercedes Colín, Lety Mejía, Mariano Camacho y Eduardo Zarzosa, seguidos por liderazgos municipales que saludaban a diestra y siniestra.
En los pasillos improvisados, la diputada Lili Urbina conversaba con militantes que se acercaban para compartir inquietudes, mientras que los alcaldes Toño Díaz (Coatepec Harinas), Teresita Sánchez (Polotitlán), Mario Santana (Villa Victoria) y Sinai Lugo saludaban a sus equipos entre el sonido de tambores, porras y consignas que resonaban como un latido colectivo.
Cuando comenzó el acto formal, el ambiente ya estaba cargado de energía. La toma de protesta de los presidentes de los comités municipales generó una ola de aplausos que recorrió la plaza como un fuego rápido. Uno a uno levantaron la mano, y con ello, las expectativas de un priismo que se mira en el espejo del 2027.
Entre los discursos, el mensaje más repetido fue claro: seguir peleando, seguir trabajando, seguir siendo leales, cómo lo hizo saber Alejandro Moreno. La militancia lo escuchó en silencio primero, y luego lo convirtió en coro. Parecía más un pacto emocional que una consigna política.
La plaza, teñida de rojo y blanco, terminó convertida en un reflejo del ánimo priista del Estado de México: un mosaico de entrega, carácter y lealtad. Mientras algunos se tomaban las últimas fotos, otros seguían conversando sobre lo que viene. Pero todos coincidían en algo: el priismo mexiquense, al menos ese día, se sentía vivo, fuerte y unido.
Cuando la música volvió a sonar y la gente empezó a dispersarse, quedó en el aire una frase que había acompañado toda la jornada:
“¡Qué grande es nuestra militancia mexiquense!”
Una frase que, más que grito, parecía declaración de identidad, como lo plasmó Cristina Ruiz Sandoval.
