Jue. Abr 2nd, 2026

Almoloya del Río, Estado de México. El sol apenas comenzaba a reflejarse en las aguas tranquilas de la laguna de Chignahuapan cuando, poco a poco, el embarcadero de Almoloya del Río empezó a llenarse de vida. Este domingo 15 de marzo no era un día cualquiera: hombres, mujeres, jóvenes e incluso niñas y niños llegaron con curiosidad y entusiasmo para participar en el Taller Comunitario de Tejido de Tule, una actividad que busca mantener viva una de las tradiciones más antiguas del municipio.

Entre risas, saludos y el sonido del agua moviéndose suavemente, los participantes tomaron en sus manos las fibras de tule. Algunos ya conocían el proceso; otros, por primera vez, observaban con atención cómo esta planta que crece en la laguna puede transformarse en objetos llenos de historia y significado.

El presidente municipal Óscar Galán Flores destacó en entrevista el gran interés de los habitantes por aprender y preservar esta tradición. Recordó que el trabajo con el tule en la región tiene raíces profundas que se remontan a 1525, cuando en los primeros códices ya se mencionaba la elaboración de piezas con esta planta por los pobladores asentados alrededor de la laguna de Chignahuapan.

En aquel entonces —explicó— el tule servía para crear sombreros, abanicos y hasta canoas, herramientas que permitían a los habitantes desplazarse de un lado a otro de la laguna y desarrollar su vida cotidiana. Hoy, siglos después, esa técnica sigue transmitiéndose de generación en generación.

Durante el taller, los asistentes descubrieron que el tejido de tule no es una tarea sencilla. Requiere coordinación, paciencia y habilidad, pues tradicionalmente los artesanos utilizan manos y pies para dar forma a las fibras, entrelazándolas con precisión hasta convertirlas en piezas útiles y decorativas.

El ambiente fue de convivencia y aprendizaje. Las manos se movían con cuidado mientras los más experimentados enseñaban a quienes apenas comenzaban. Cada trenza de tule parecía contar una historia: la de un pueblo que se resiste a perder sus raíces.

Para el gobierno municipal, este tipo de actividades no solo buscan enseñar una técnica artesanal, sino rescatar y fortalecer las tradiciones y costumbres que distinguen a Almoloya del Río. Porque en cada pieza tejida no solo hay una planta transformada, sino también identidad, memoria y orgullo comunitario.

Así, entre el murmullo del agua y el aroma húmedo de la laguna, el tule volvió a cobrar vida en las manos de su gente, recordando que las grandes tradiciones nacen del trabajo, la paciencia y el profundo amor por la tierra que se habita.