Vie. Ene 16th, 2026

Donato Guerra, Estado de México. La tarde cayó suave sobre Santiago Huitlapaltepec y San Lucas Texcaltitlán, dos comunidades que desde temprano ya mostraban movimiento inusual: familias avanzando juntas, niñas y niños corriendo alrededor de la plaza, mujeres conversando bajo los árboles y hombres acomodando sillas, como quien prepara no solo un encuentro, sino un momento de comunidad. Era día de Asamblea Ciudadana, en el marco del primer año de gobierno, la primera de esta etapa, y el ánimo se sentía distinto: más cercano, más vivo.

La alcaldesa Carmen Albarrán Gabriel llegó rodeada de saludos, manos extendidas y rostros que la reconocían de inmediato. No hubo distancia ni protocolo frío: la presidenta municipal caminaba entre la gente como quien llega a casa, escuchando, respondiendo, agradeciendo. El murmullo se convirtió en atención cuando tomó la palabra.

Con tono firme pero cálido, comenzó a compartir los avances logrados en estos cuatro años de Transformación, hablando no desde un estrado elevado, sino desde el mismo nivel que las y los pobladores. “Venimos a informarles de manera directa y transparente”, dijo, y varias cabezas asintieron en señal de reconocimiento. Era evidente que ahí la política tenía sabor a terreno, a calles recorridas y a compromisos sostenidos a pie de comunidad.

Mientras la alcaldesa exponía obras, programas, apoyos y esfuerzos colectivos, los vecinos seguían con atención. Algunos tomaban notas, otros murmuraban entre ellos recordando procesos y mejoras, y varios más levantaban la mano para participar. La Asamblea no era un acto unilateral: era un diálogo, una conversación abierta donde cada inquietud encontraba respuesta y cada voz tenía peso.

Las preguntas se mezclaron con agradecimientos; las dudas, con propuestas; los testimonios, con nuevos compromisos. Y en medio de todo, la sensación de que el gobierno municipal está presente, no solo en oficinas, sino en los caminos, en las canchas, en las calles y ahora, en esta reunión que parecía resumir el espíritu de Donato Guerra: un Pueblo que habla, un gobierno que escucha.

Al terminar la intervención, la alcaldesa se acercó a los asistentes sin prisa. Saludó una vez más, recibió peticiones específicas, escuchó historias personales y atendió preocupaciones inmediatas. No se trataba de un cierre protocolario: era la continuación natural del encuentro.

La Asamblea concluyó entre aplausos y un ambiente de cercanía. “Gracias por su confianza, gracias por ser parte activa de este proceso”, expresó Carmen Albarrán, y los gestos de los vecinos confirmaron que el mensaje llegó a donde tenía que llegar: al corazón comunitario de Donato Guerra.

Cuando las sillas comenzaron a recogerse y el sol desapareció detrás de los cerros, quedó una sensación clara: las transformaciones no solo se cuentan; se construyen caminando juntos. Y en estas comunidades, ese camino sigue firme.