Vie. Ene 16th, 2026

Humberto Auyón/01-12-2025.

Lerma, Estado de México.

En la plaza principal de Lerma lucía llena desde mucho antes de que comenzara el Primer Informe de Gobierno. Las familias llegaban en grupos, algunas con niños tomados de la mano, otras con adultos mayores que avanzaban despacio pero con orgullo. Había ambiente de fiesta, pero también una expectativa distinta, como si todos supieran que esta tarde no sería una más en el calendario del municipio.

Cuando Miguel Ponce tomó el micrófono, el murmullo se deshizo en aplausos. “Lerma, Lerma, muy buenas tardes”, inició con voz firme, mientras el público respondía con entusiasmo. No fue un saludo automático: fue el arranque de un encuentro que se sentía cercano, cálido, casi familiar, ese que envolvió al Primer Informe.

El secretario General de Gobierno, Horacio Duarte Olivares, sentado en primera fila, recibió un reconocimiento que vino acompañado de un aplauso largo y sentido. No fue un gesto político, sino más bien un agradecimiento abierto por el respaldo que ha acompañado al municipio. Y ahí mismo, entre palabras y emociones, llegó el mensaje para la gobernadora Delfina Gómez Álvarez: un saludo que más que formalidad, llevaba el sello de la gente de Lerma—de esa gente que valora la sencillez y la cercanía.

Miguel Ponce no tardó en voltear hacia quienes, decía él, representan “el mejor cabildo del Estado de México”. Y cuando pidió que se pusieran de pie los invitados de cada uno, la plaza cívica se convirtió por segundos en un salón familiar donde las palmadas, las risas y las miradas cómplices contaban historias que ningún informe incluye, pero que sostienen a un gobierno desde abajo.

Después vino un momento íntimo: el agradecimiento a su familia. “Mi motor, mi inspiración”, dijo Miguel, y la sala respondió con un aplauso espontáneo, de esos que surgen cuando el discurso toca corazón y no protocolo.

Pero la tarde apenas comenzaba.

Al mencionar a las autoridades auxiliares—delegados, COPACI, comisariados ejidales—la energía cambió. “No se sienten todavía”, pidió. Y entonces, las 52 comunidades del municipio parecieron asomarse al escenario, representadas en quienes caminan sus calles, recogen sus inquietudes y cargan sobre los hombros los anhelos colectivos. “Ustedes son el eje más importante del gobierno”, les dijo. Y los rostros de muchas mujeres y hombres se iluminaron con un orgullo que no necesita traducción.

La voz de Miguel Ponce se quebró ligeramente cuando recordó sus inicios como presidente de COPACI. “Hace 25 años estuve donde están ustedes”, confesó, y por un instante el auditorio lo vio no como mandatario, sino como vecino, como joven de San Miguel Ameyalco con sueños parecidos a los que hoy acompañan a las nuevas generaciones.

El Primer Informe avanzó entre logros tangibles: más de 270 obras públicas, cinco nuevas escuelas, tres albercas semiolímpicas, miles de toneladas de mezcla asfáltica, y un C4 moderno que ya sienten las familias en sus calles. Pero más allá de los números, lo que la gente aplaudió fue el mensaje implícito: “Lerma no se detiene.”

Cuando habló de cultura, el turno fue para San Pedro Tultepec. La audiencia sonrió al escuchar que ahí, donde casi cada casa guarda un instrumento musical, se respira talento. Y entre los presentes, músicos, artesanos y artistas recibieron palabras que sonaban a reconocimiento y también a pertenencia.

El ambiente cambió otra vez con una historia breve pero poderosa: la de un joven que, sin empleo y con un título en mano, vendía ropa en su mochila, hasta que encontró una oportunidad en una empresa del municipio. Era la forma de Miguel Ponce de decir que en Lerma los sueños se cumplen… y que un empleo puede convertirse en un boleto hacia el mundo.

Más tarde, llamó a ponerse de pie a trabajadoras y trabajadores del barrido manual, bacheo, cuadrillas de mantenimiento, seguridad pública, tránsito, DIF y todas las áreas del municipio. El auditorio estalló en aplausos. Toda esa gente—la que madruga, la que mueve maquinaria, la que cuida, la que limpia, la que atiende—ocupa un sitio especial en la narrativa de un gobierno que presume cercanía y servicio.

Y entonces, en uno de los momentos más emotivos, miró hacia su esposa Marisol Mote, hacia sus hijos Sofi y Gabriel, hacia su mamá—“Lichita”—y habló sin leer, sin papel, sin protocolo. Habló como hijo, como esposo, como padre. Agradeció guisos, abrazos, sacrificios, maestrías estudiadas de noche, desayunos compartidos, y la presencia de un padre que desde el cielo, dijo, sigue enviando fortaleza. El público escuchó en silencio reverente.

La tarde cerró con una declaración que retumbó en el auditorio:

“En Lerma somos gente de trabajo. Somos más fuertes. Somos más unidos. Somos Lerma.”

Y minutos después, cuando pidió al público ponerse de pie para lanzar la porra, el recinto vibró. A la voz de “¡A la una, a las dos, a las tres!”, la gente gritó con una fuerza que pareció abrazar a cada comunidad del territorio:

“¡Que viva Lerma!”

Los aplausos finales no solo celebraron un informe; celebraron una identidad. Una tierra que se reconoce, que se nombra, que se abraza por apellido, por barrio, por origen. Una tierra que se mira frente al futuro como lo hizo esta tarde: de pie, junta y con el corazón latiendo fuerte.