Jue. Mar 12th, 2026

Por: Víctor Yañez

*.-El Oro: señales de alerta en el poder municipal

Primero fue la reunión entre Horacio Duarte Olivares, secretario general de Gobierno del Estado de México, y la presidenta municipal de El Oro, Juana Elizabeth Díaz Peñaloza. Días después, el encuentro se replicó, pero ahora con el síndico y las y los regidores del Ayuntamiento. Dos reuniones distintas, con actores distintos y un mismo tema de fondo: la situación que atraviesa el municipio.

La secuencia no es menor. En política, las formas también comunican, y cuando el diálogo institucional se fragmenta, suele ser reflejo de una fractura más profunda. En El Oro, la división política y social comienza a hacerse evidente y preocupa que, de no atenderse con responsabilidad y altura de miras, este sea el primer paso hacia un desmoronamiento en la gobernabilidad local.

Ayer por la tarde, en Palacio de Gobierno, en Toluca, Horacio Duarte sostuvo una reunión con las y los integrantes del Cabildo orense, con la ausencia de la alcaldesa Juana Elizabeth Díaz.

De acuerdo con lo informado, el encuentro se dio por instrucción directa de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez, con el objetivo de dialogar sobre la problemática del municipio y garantizar un ambiente de paz y bienestar para la población.

El mensaje oficial apela a la conciliación y al principio de que El Poder de Servir debe ser la guía del servicio público. Sin embargo, la pregunta persiste: ¿por qué la necesidad de encuentros separados?, ¿qué tan profunda es la ruptura interna para que el Gobierno estatal tenga que intervenir como mediador?

El Oro es un municipio con historia, identidad y un tejido social que no merece ser rehén de disputas políticas. Las diferencias son legítimas en democracia, pero cuando estas trascienden el debate y comienzan a paralizar la administración pública, el costo lo paga la ciudadanía.

Hoy más que nunca, se requiere madurez política, diálogo real y acuerdos que prioricen a la gente por encima de intereses personales o de grupo. La intervención del Gobierno estatal puede ser una oportunidad para recomponer el rumbo, pero también deja claro que en El Oro algo no está funcionando como debería.

La gobernabilidad no se decreta; se construye. Y el tiempo para hacerlo se está agotando.