Jue. Abr 9th, 2026

Toluca, Estado de México.

En las calles de Toluca, donde el asfalto cuarteado cuenta historias de abandono y las banquetas son testigo del ir y venir cotidiano, la jornada comenzó temprano. No hubo templetes ni discursos largos, sino pasos firmes y cercanos, de esos que se dan a ras de suelo.

Al frente, Anuar Azar Figueroa caminó sin prisa, pero sin pausa. Saludó de mano, miró a los ojos y escuchó. En cada esquina, el mismo reclamo: calles en mal estado, servicios que no alcanzan, y una nostalgia que se cuela en la conversación: “antes estábamos mejor”.

La escena se repitió colonia tras colonia. Brigadas con chalecos azules desplegadas como hormigas trabajadoras: unos acercaban productos a bajo costo, otros instalaban módulos de salud improvisados, mientras más adelante se escuchaba el golpeteo del bacheo, ese sonido seco que, aunque pequeño, intenta remendar el desgaste de la ciudad.

No fue una jornada de promesas espectaculares, sino de contacto directo. De escuchar a la madre que pide atención médica, al comerciante que exige mejores calles, al joven que se acerca curioso y termina afiliándose en cuestión de minutos gracias a un sistema más ágil.

“Toluca es prioridad”, se repite como consigna, pero también como estrategia. Y en ese ir y venir, entre saludos, reclamos y gestos de esperanza, el mensaje se va tejiendo: regresar, reconstruir, volver.

Al final del recorrido, no hay cierre formal. Solo la certeza de que el trabajo continuará. Porque en la política de calle —esa que se ensucia los zapatos— no hay punto final, sino una ruta que se recorre todos los días.